La respuesta no es la huida.
Decía Miguel de Unamuno, que; “se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte”.
Huimos cuando tenemos que enfrentar una situación problemática, cuando nos hemos equivocado, cuando lo que vemos no es lo que deseamos…
Le solemos dar la espalda a aquellas circunstancias dolorosas, la negación suele ser la respuesta, esperando que así desaparezca el problema por si solo. Huimos por temor a perder, a no ser comprendidos, huimos por miedo a no tener la suficiente fuerza de voluntad.
Salir huyendo es más cómodo que enfrentarse a esa parte de nosotros que queremos obviar, pero en esa huida quizás no nos damos cuenta de que nos estamos convirtiéndo en fugitivos de nuestros propios temores... el problema es que huimos permanentemente alimentando cada vez más la situación.
El ego y nuestra mente se encargan de decirnos que escapar es la única salida que nos queda para evitar el dolor, la equivocación o el sufrimiento. En las peores situaciones el miedo sale a flote y la mente se pone en lo peor, en la cabeza aparecen cientos de excusas, de culpas y de remordimientos y por eso el ser humano sin darse cuenta de todo lo que sucede en su interior, la mayor parte del tiempo decide huir…
El pasado duele, pero tal y como yo lo veo puedes huir de él o aprender. ( El Rey León)